domingo, 22 de agosto de 2010

♣ CONGRESO DE LA REPÚBLICA Y SUS LEYES PARA LA RISA


LEYES PARA LA RISA

Propuestas insólitas en el Congreso

Por: Nelly Luna Amancio


El suspendido congresista Álvaro Gutiérrez quiso en el 2006 imponer la solemnidad por decreto. Propuso una ley que obligaba a cantar el himno nacional de pie, inmóviles, con la cabeza descubierta y mirando al cielo. Su dislate prohibía, además, que un peruano cante los himnos de otros países “salvo autorización expresa del representante diplomático o del Ministerio de Defensa”. Pero la osadía de Gutiérrez, en su denominado proyecto de ley de los símbolos patrios, fue aun más lejos: quería que todas las radios y todas las televisoras transmitieran en simultáneo y tres veces al día (6 a.m., 12 m. y 6 p.m.) las notas del himno nacional. El parlamentario (y ex policía), que convirtió en chofer a su asesor principal, creyó que una ley podía regular el respeto.
No fue esta, sin embargo, la única e insólita propuesta de Gutiérrez. En un arranque de imprecisión histórica presentó ese mismo año un proyecto para declarar Patrimonio Histórico del Perú nada menos que la supuesta bandera multicolor del Tahuantinsuyo. Gutiérrez –obviamente ajeno a las clases básicas de historia– ignoraba que el Imperio Inca no tuvo jamás una bandera que lo representaba. El símbolo al que él se refería se creó recién en el siglo XX. “En la década de los años 30 y 40 un grupo de cusqueños intentó posicionar turísticamente al Cusco e inventa el Inti Raymi y una bandera multicolor”, precisa el historiador Antonio Zapata.
Obviamente, la Comisión de Cultura y Deporte (que extrañamente ve también ciencia, tecnología y juventud) archivó esta propuesta legislativa.
DESBORDE LEGISLATIVO
Una fábrica de leyes, esa también podría ser la definición del Congreso. En su larga lista de espera de proyectos, hay propuestas para todos los gustos. Una ley para nombrar un día de la cocina, del emoliente, otro para el día del paciente y un tercero para el día de la gran logia. Y no es que estas fechas no sean importantes, pero muy pronto ante tal desborde conmemorativo habrá que agregar más días al calendario nacional, que hace mucho que ya ofrece un abultado récord de días festivos.

Gracias a la imaginación –tal vez deberíamos decir delirios– de nuestros legisladores y gobernantes, tenemos una prodigiosa cantidad de días festivos. En el Perú celebramos el día del vendedor, de la pachamama, del relacionista industrial, del sastre, del preso, de la investigación agropecuaria, de la paz y la unión vecinal, de la familia, de la unión, de todos los santos, de todos los muertos, del cebiche, del pollo a la brasa, del pisco y, por qué no, del ron. Hay quien dice incluso que en el primer poder del Estado y en el Ejecutivo se ha pensado –medio en broma, medio en serio– tener también un día para el peruanazo chifa.
Una breve carta enviada en junio del 2008 por el presidente Alan García al entonces presidente del Congreso Luis Gonzales Posada resume esta insólita situación. “Con relación a la autógrafa de ley que instituye el 25 de octubre como el Día de la Cocina y la Gastronomía peruana, coincidimos plenamente; sin embargo, consideramos inconveniente fijar como fecha ese día porque por mandato de Ley 24324 el 25 de octubre se conmemora el Día de los Trabajadores de Construcción Civil”. El presidente recomienda elegir otra fecha. Fin de la misiva. Semanas atrás recomendó lo mismo para evitar que el Día del Pollo a la Brasa interrumpiera las celebraciones del Día del Cebiche.
EMOLIENTE PARA EL CONGRESO
No sabemos si fue el frío, o tal vez la nostalgia por este, o quizá el homenaje a un anónimo caserito de la humeante bebida lo que llevó al congresista Carlos Torres Caro proponer en el 2007 una ley para los emolienteros. Pero su entusiasmo por el mentado brebaje no duró mucho. La Comisión de Trabajo archivó el proyecto, bajo el argumento de que obviamente “la aprobación de una ley de protección para este grupo de trabajadores solo dispersaría aun más la normativa laboral nacional”.

En el Congreso también hay tiempo para los disparates legislativos. Manuel Castañeda, uno de los asesores que trabajaron de cerca en la comisión multipartidaria encargada del ordenamiento legislativo (Cemol), cuenta que mientras buceaba en los archivos se percató de un detalle que ya ha contado varias veces y que grafica el espíritu mesiánico de Augusto B. Leguía. En 1920 este dictó un decreto para disponer que la primera ley de su gobierno tendría un número redondo, el 4000, así marcaría lo que él imaginaba y decía que era una nueva época. Así, Leguía emitió la Ley 3084, que ordenaba que la ley siguiente sería la 4000. Desaparecieron de la historia del Perú 916 números de leyes.
FUERA DE TIEMPO
Las desatinadas propuestas legislativas no son exclusivas de este Congreso, vienen desde su constitución –dice JavierAlva Orlandini, ex magistrado del Tribunal Constitucional–, pero quizá alcanzaron su máxima expresión cuando la vedette Susy Díaz obtuvo un escaño por el Movimiento de Integración Agraria en las elecciones de 1995. Todavía se cuenta como si se tratara de una leyenda urbana –pero no es más que parte de nuestra triste realidad legislativa– las veces en las que Susy propuso un proyecto de ley para declarar el día de la suegra y otro para obligar a los propietarios de hostales a entregar preservativos.

El erario de la legislación nacional guarda otras disparatadas normas para nuestra época. Figura, por ejemplo, el reglamento que regía los establecimientos de reforma moral de las mujeres, de noviembre de 1896. En estos centros se recluían a las “menores de 21 años cuyos padres llevaban con el objeto de evitar los peligros que pudiera correr su honestidad” o a las “mujeres casadas en calidad de depósito duraran las diligencias del divorcio”.
Sobre el presente, Alva Orlandini dice que “crear un día para el pollo a la brasa es un exceso, pero también lo es matar un muerto”. Se refiere así a la eliminación de las miles de leyes como parte del trabajo hecho por la Cemol con las normas que eran consideradas inservibles, pues la mayoría ya había sido derogada. “Esas leyes no rigen, por tanto, es un absurdo volverlas a eliminar. Cada vez hay más leyes intrascendentes o disparatadas”, concluye.El Comercio.

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